
Fasting... is one of the most effective ways to draw nearer to God.
DÍA 4 | FORTALECIDOS PARA ESTAR EN CALMA
Estén quietos, y sepan que yo soy Dios. Salmo 46:10 (NVI)
Devocional: La vida a menudo puede ser caótica. Constantemente estamos rodeados de ruido, movimiento e interminables exigencias. Si no tenemos cuidado, podemos ser consumidos por la agitación, lo que deja nuestros corazones ansiosos y nuestras almas agotadas. Pero Dios nos ha prometido paz, una paz que sobrepasa todo entendimiento. ¿Cómo recibimos este don? Eligiendo estar en calma en Su presencia. La calma es más que silencio; es un retiro intencional al lugar secreto con Él. En la oración, podemos hacer una pausa, respirar profundamente y dejar que el ruido se desvanezca. Selah. En ese lugar de quietud, dejamos de esforzarnos y de pensar demasiado. Invitamos al Espíritu Santo a llenarnos con Su paz. No tenemos que actuar ni demostrar nada; simplemente podemos descansar y ser. Aquí, descubrimos de nuevo que Él es Dios: fiel, soberano y con el control de todo lo que nos concierne. Al soltar el control y rendirnos a nuestro Creador, recordamos que Él nos sostiene en la palma de Su mano. Al estar en calma, confiamos en que Él obra todas las cosas para nuestro bien. Podemos respirar tranquilos, sabiendo que todo estará bien.
Oración: Padre Celestial, gracias por invitarme a Tu presencia donde puedo estar en calma. Silencia el ruido a mi alrededor y dentro de mí, y enseña a mi corazón inquieto a descansar en Ti. Señor, en la quietud recuerdo que Tú eres Dios: mi Creador, mi Pastor y Aquel que sostiene todas las cosas. Cuando mi mente se acelera y mi corazón se angustia, llévame de regreso a ese lugar donde puedo sentarme a Tus pies, respirar profundamente y simplemente ser. Ayúdame a soltar el control, entregando cada carga en Tus manos. Al elegir estar en calma, lléname con Tu paz que sobrepasa todo entendimiento. Háblame en el silencio. Guíame y dirígeme por Tu Espíritu. Que mi quietud se convierta en un testimonio de confianza: que creo que Tú eres Dios y que eres fiel. En el nombre de Jesús, Amén.
DÍA 3 | FORTALECIDOS PARA CONFIAR
Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento; reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.
Proverbios 3:5-6 (NVI)
Devocional: Cuando te sientas en una silla que has usado muchas veces, no te detienes a preguntarte si te sostendrá. Descansas todo tu peso en ella con confianza porque tus experiencias pasadas te aseguran su resistencia. Eso es confianza: una dependencia inquebrantable basada en una fidelidad probada. Si podemos confiar en una silla, ¿cuánto más deberíamos confiar en el Señor? A diferencia de cualquier cosa creada, Él es inmutable. «Porque yo soy el Señor, y no cambio» (Malaquías 3:6 NVI). Su confiabilidad no es temporal, parcial ni condicional. Su Palabra demuestra que Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Cuando confías en Él, entras en un lugar de seguridad. La vida a menudo presenta desafíos que nos llevan al límite de nuestra propia comprensión. Sin embargo, la Escritura nos advierte que no nos apoyemos en nuestra perspectiva limitada, sino que lo reconozcamos en todo. Confiar en Dios significa entregar el control, resistir la tentación de resolverlo todo por nuestra cuenta y descansar en su sabiduría soberana. Incluso cuando llegan las aflicciones, su promesa permanece: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor» (Salmo 34:19 NVI). La confianza no es pasiva, es una fe activa que toma a Dios por su palabra, independientemente de lo que veamos o sintamos. Confiar en Dios es entregar el peso de tu vida en sus manos con la misma certeza que pones en una silla, pero con una seguridad infinitamente mayor. Él no fallará. Él dirigirá tu camino. Él te mantendrá seguro.
Oración: Padre Dios, gracias por ser fiel y digno de confianza en todas las cosas. Moldeame para que sea un instrumento de honor, alguien que camine con integridad y refleje tu corazón. Elimina las distracciones y las «pequeñas zorras» que obstaculizan mi obediencia. Mantén el engaño lejos de mí y perdóname por cualquier daño que haya causado a otros. Fortaléceme con tu Espíritu para que camine con rectitud y confíe plenamente en ti. Descanso en la seguridad de que terminarás la buena obra que comenzaste en mí. En el nombre de Jesús, Amén.
DÍA 2 | CAPACITADOS PARA PERMANECER
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Juan 15:4 (RV60)
Devocional: El principio de la sabiduría fluye de un temor reverente a Dios, reconociendo Su santidad y nuestra completa dependencia de Su presencia para cada aliento. Esta postura de humildad es la esencia de permanecer en Él, el verdadero dador de vida. Dios desea profundamente que movemos continuamente en Su presencia. Para enseñarnos cómo, nos dio a Jesús, nuestro ejemplo perfecto de permanencia. Jesús vivió plenamente dependiente del Padre, continuamente inmerso en Su presencia, caminando en constante comunión y perfectamente entrelazado con Su voluntad. Permanecer a menudo requiere muerte, no muerte física, sino muerte al yo. Debemos morir a nuestra carne, a nuestra naturaleza pecaminosa y a nuestra independencia, dejando de lado todo lo que sea contrario a la Palabra de Dios. El mundo ve la muerte como un final, pero en el reino de Dios, es la puerta de entrada a la vida. En la rendición, somos injertados en el corazón mismo del Padre.
Jesús nos recuerda que, así como una rama no puede sobrevivir ni dar fruto separada de la vida, nosotros no podemos cumplir nuestro propósito dado por Dios sin permanecer en Él: en Su presencia, Su Palabra y Su amor. Permanecer no es un estado pasivo; es una elección diaria e intencional de permanecer conectados a la Fuente. Cuando permanecemos, Su Espíritu nos capacita para dar frutos que nunca podríamos producir por nosotros mismos: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Estos no son obras de esfuerzo, sino frutos de la intimidad.
Oración: Padre Celestial, enséñame a permanecer en Ti, tan profundamente inmerso en Tu presencia que nada más se convierta en mi fuente. Tú eres mi vida y mi poder. Guárdame de apresurarme o de confiar en mis propias fuerzas. Recuérdame que sin Ti nada puedo hacer, pero contigo todo es posible. Capacítame para permanecer firmemente conectado para que mi vida refleje Tu amor y dé fruto duradero. Ayúdame a acercarme a Ti cada día a través de la oración, de Tu Palabra, escuchando Tu voz y caminando en obediencia. Que comprenda que permanecer en Ti es una decisión activa: arraigarme en Ti a través de la entrega. En la quietud, que Tu fuerza se convierta en mi fuerza, Tu sabiduría en mi sabiduría y Tu paz en mi paz. En el nombre de Jesús, Amén.
DÍA 1 | CAPACITADOS PARA DESCANSAR
“Por lo tanto, todavía queda un reposo sabático para el pueblo de Dios; porque el que entra en el reposo de Dios también descansa de sus obras, así como Dios descansó de las suyas. Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo…” Hebreos 4:9-11 (NVI)
Devocional: El descanso es uno de los dones más poderosos de Dios, sin embargo, a menudo es el que más resistimos. Hebreos 4 nos recuerda que hay un reposo sabático reservado para nosotros: una invitación a dejar de esforzarnos y entrar en la obra consumada de Cristo. Este descanso no es inactividad; es una entrega intencional. Es la postura de un corazón que confía en el tiempo de Dios, en el ritmo de Dios y en la capacidad de Dios para hacer lo que nosotros no podemos. En un mundo que glorifica la actividad constante, Dios nos llama a la quietud. No nos pide que superemos nuestras limitaciones; nos invita a confiar en Su fuerza. El descanso nos enseña a soltar el control, a dejar de forzar los resultados y a creer que Dios está obrando incluso cuando nosotros no lo estamos. Cuando elegimos descansar, declaramos que nuestra esperanza no está en nuestro propio esfuerzo, sino en Su fidelidad. Jesús nos invita a caminar en los ritmos naturales de la gracia, un ritmo constante, santo y anclado en Su presencia. El descanso disipa el ruido para que podamos escuchar Su voz. Cambia nuestro enfoque de lo que tememos a Aquel que tiene cada momento en Sus manos. En el descanso, recuperamos la claridad, el valor y la confianza porque recordamos que no estamos solos: Dios va delante de nosotros, camina con nosotros y nos fortalece. El descanso no es debilidad; es adoración. Es una declaración de que Dios es suficiente, Su gracia es suficiente y Sus promesas son seguras. Ser capacitados para descansar es confiar en que el Dios que creó el sábado también nos creó a nosotros, y Él sabe exactamente lo que necesitamos para prosperar.
Oración: Padre celestial, gracias por el don del descanso. Enseña a mi corazón a desacelerar, a rendirse y a confiar en Tu tiempo. Ayúdame a dejar de esforzarme y a entrar en la paz que has preparado para mí. Guíame en los ritmos naturales de Tu gracia. Fortaléceme para descansar en Tu presencia, creer en Tus promesas y seguir tu ritmo. Que Tu paz se pose sobre mi mente y Tu descanso ancle mi alma. En el nombre de Jesús, Amén.


